viernes, 20 de diciembre de 2013

10 consejos para educar (segunda parte)


 Quinto Principio
La conciencia moral es lo que los hace libres
Los padres no están educando integralmente a su hijo si sólo se ocupan de su aspecto cognitivo, emocional, afectivo, sexual… La conciencia moral es la que dirige hacia el bien todas aquellas áreas. Porque con su luz ilumina a la inteligencia y le da a conocer qué es el bien en determinado lugar y momento. Si se quiere educar en la libertad, hacer del hijo un hombre recto, hay que formar su conciencia desde que tiene uso de razón.
Sexto Principio
Los padres somos los primeros educadores
El mayor beneficiado por la unidad entre el colegio y la familia es el hijo. Esto no significa que, en casos puntuales, los padres no deban hacer valer sus derechos como padres o defender al hijo en determinadas circunstancias.
Séptimo Principio
Educa para el mundo real. Estas son las actitudes que encierran al hijo en una burbuja y lo dejan frágil y desprotegido para vivir en el mundo que le ha tocado:
Padres que viven lamentándose del mundo de hoy, todo está podrido, el futuro es negro, y añorando tiempos pasados.
Padres que para que el ambiente exterior no contamine a los hijos, los sobreprotegen.
¿Cómo preparar al hijo para ser parte activa de este mundo y, así, mejorarlo?
-Con una sólida formación intelectual que le permita pensar por sí mismo y tener criterio propio para ir contra corriente. A los hijos se les enseña a pensar, discutir y defender ideas con temas interesantes en la mesa familiar, con panoramas atractivos, con buenas lecturas…
-Con un concepto verdadero de tolerancia. Escudados en un falso concepto de tolerancia, hoy se aceptan como legítimas todas las posturas: no hay una verdad objetiva, sino muchas verdades singulares. Hay que enseñar a querer y respetar a las personas, pero sin tranzar con el error. A buscar lo que une y no lo que desune, pero teniendo claro que el mal no puede ser tolerado por una malentendida tolerancia&.
 Octavo Principio
El amor es inteligente cuando conoce y pone límites
Sólo para aquellas personas que no nos importan mayormente, exigimos felicidad a cualquier precio. Con nuestros amigos, con las personas que amamos, con nuestros niños, somos exigentes y preferimos verlos sufrir mucho antes que verlos felices de un modo despreciable y enajenado”, C.S. Lewis.
1. Los padres que quieren a sus hijos con amor inteligente establecen ciertas normas. En Hacer Familia elaboramos un código familiar de permisos.
1. Todo permiso lleva asociada una carga educativa, pues emite señales que los hijos captan.
2. Los permisos son opinables, pero no son neutros.
3. Existe un conjunto de reglas establecidas, por acuerdo de padre y madre, que se han explicado a los hijos, antes de que éstos eleven pliegos de peticiones.
4. Hay reglas que permiten concesiones porque dicen relación a principios secundarios o menos importantes.
5. El permiso solicitado debe suponer un beneficio para el hijo que lo pide o al menos que no sea dañino. El permiso no debe perjudicar el bien común.
6. Cada hijo es diferente. Al conceder un permiso se debe evaluar la relación entre libertad y responsabilidad. Los permisos deben ser concedidos en forma gradual.
7. Los padres tienen derecho a unos minutos tranquilos para decidir un permiso.
8. La concesión de permisos no puede convertirse en una batalla campal.
9. Los padres deben ser coherentes y consecuentes.
10. Conceder un permiso es ejercitar la autoridad dada por Dios a los padres para educar a los hijos.
El cariño de un hijo hacia sus padres no depende de la cantidad de noes o de síes que le hayan dado, sino del buen criterio con que se dieron”. -Diego Ibáñez L., en Sentido Común y Educación en la Familia.
Noveno Principio
Confía siempre en ellos y en su capacidad de reacción
Cuando el hijo está en su adolescencia, cuando parece que todo lo que se ha sembrado no sólo no da fruto, sino parece que agoniza, ¡calma!
En lugar de catalogarlo como un flojo perdido, un irresponsable rematado, un egoísta sin vuelta… demuéstrale que el cariño de sus padres es a prueba de adolescentes. Un hijo al que se le ponen etiquetas negativas llega a pensar que no tiene futuro; el que siente que ya no se confía en él, pierde toda la seguridad en sí mismo.
Exige en pocas cosas, pero en las importantes. No des peleas inútiles y haz de tu hogar un lugar seguro con el que cuente en medio del temporal. Paciencia, paciencia, paciencia. Busca y reconoce en él las cualidades que tiene. ¡Todos tienen! Incentívalas. Confía. No pierdas la esperanza. Ya verás: pronto saldrá a la luz el hombre y la mujer que hay en su interior. Habrá madurado.
Se tiene fe en un hijo cuando se cree lo que todavía no se ha visto, se sabe esperar hasta que se vea, con paciencia y sin desánimos, aunque los resultados tarden.
 Décimo Principio
Pon metas altas a tus hijos
El ser humano vale por lo que es, no por lo que tiene. Lamentablemente hoy se aspira más a tener que a ser.
Hay que enseñar a los hijos que el fin de esta vida no es pasar por ella “lo mejor posible”. Los grandes valores e ideales se respiran en el hogar, se inculcan dando ejemplo. Esto supone autoexigencia. ¿Cuáles son los temas dominantes de la familia? ¿Sólo se habla de plata, de cosas y panoramas? ¿Hay una preocupación real por los más necesitados? ¿Se eligen las carreras por su rentabilidad o prestigio o por la contribución personal que desde ahí se puede hacer al mundo?

En tus hijos debe quedar grabada una idea clave: que hay mucho que hacer y se puede hacer mucho. Para que tu hijo pueda mirar alto y ser capaz de decir con convicción: “Yo puedo hacer algo. Mi contribución ¡vale! 

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