viernes, 13 de enero de 2012

La importancia de la Lectura


La afición a leer es aprendida y actúa como por contagio, porque cuando se contrae la afición a la lectura, es difícil curarse…
Algunos padres tienen la impresión de que sus hijos no leen jamás. Les parece que cualquier afición, dinámica o sedentaria, resulta más atractiva para los chicos que coger un libro. En consecuencia, nace en ellos el deseo de ver a los niños más aficionados a la lectura. 

Nos estamos refiriendo, claro, a una lectura libre, no concebida específicamente como un aprendizaje, sino como un gusto, una afición, un hobby. Eveline Charmeux en su obra
Cómo fomentar los hábitos de lectura, distingue dos clases de lectura: La lectura funcional y la lectura de placer.

Mediante la lectura funcional, los lectores obtienen información, solventan situaciones. Es pues la lectura necesaria para resolver un problema, para conocer las reglas de un juego o un deporte, para saber cómo se monta una máquina.

A través de la lectura de placer, se lee para divertirse, para pasar el rato, para explorar nuevos mundos. Es el tipo de lectura en la que el lector se deja llevar por las palabras, sin ningún tipo de propósito concreto que no sea el puro placer de sumergirse en un libro.

Entre los ocho y los doce años se generan muchos hábitos y aficiones; los niños están abriéndose al mundo, conociendo posibilidades y adquiriendo autonomía de movimientos. Es una edad adecuada para desarrollar un hábito lector que pueda consolidarse en la adolescencia.

Los padres tenemos un papel a jugar en la creación y consolidación de este hábito. Pero hay que tener claro que las estrategias para conseguir un hábito lector presentan unas peculiaridades diferentes a las que solemos emplear para conseguir otros propósitos. Es ineficaz plantearlo como una actividad de estudio, como plantearíamos, por ejemplo, la hora de los deberes.

La animación a la lectura difícilmente se consigue por imposición, por el contrario, se obtiene a través de un tratamiento positivo, obrando indirectamente para que se cree un clima favorable hacia esta. Hay quien dice que la afición de leer actúa por contagio: Por contagio de unas actitudes, de un ambiente o de una oferta creada en su entorno para que se desarrolle este beneficioso "virus".

 Muchas veces las aficiones y los gustos están más ligados a la afectividad que a la efectividad. Más próximo a la persuasión que a la obligación. Se trata de conseguir que el hábito nazca de los propios niños, de crear las condiciones favorables para que surja de ellos el deseo de leer, y de seguir leyendo.

Los niños aprenden continuamente de sus padres, no sólo de lo que éstos les cuentan sino, sobre todo, de lo que ven en ellos, cómo actúan y cómo responden ante los problemas.

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