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viernes, 11 de abril de 2014

10 errores comunes que cometemos los padres de hoy en día (segunda parte)

En esta ocasión continuaremos hablando de los errores más comunes que como padres cometemos con los hijos.
4. Tratar de ser el mejor amigo de nuestro hijo.


Como todo el mundo, quiero que mis hijos me quieran. Quiero que reconozcan mis méritos y me tengan cariño. Pero si quiero hacer bien mi trabajo, tengo que aceptar que se enfaden y que a veces no les gusten mis decisiones. Pondrán los ojos en blanco, se quejarán y desearán haber nacido en otra familia.

Pero, tratar de ser el mejor amigo de tu hijo solo puede llevar a una permisividad excesiva, y a que tomes decisiones desesperadas por temor a no contar con su aprobación. Esto no es amor, sino necesidad.



5.   Entrar en una competencia por ser el mejor padre. Todos los padres llevan algo de competitividad en las venas. Lo único que necesitan para despertar al monstruo es que otro padre ponga a su hijo por encima del tuyo.

Los niños tienen que esforzarse y entender que los sueños no se cumplen así como así, que para ello tienen que trabajar y luchar. No obstante, si fomentamos una actitud de ganar cueste lo que cueste y les permitimos que empujen a otros niños para conseguir ser los primeros, la cosa se nos está yendo de las manos.

Es verdad que en la adolescencia el carácter no nos parece tan importante; en cambio, cuando somos adultos, el carácter lo es todo.


6. Olvidarnos de lo maravilloso que es ser niño.

Llegará un día en que deje de haber estampitas en el fregadero. Ya no habrá muñecos en la bañera, ni muñecas o peluches sobre la cama, ni Mary Poppins en el DVD. Las ventanas estarán limpias, sin huellas, y la casa estará tranquila porque los hijos saldrán con sus amigos en vez de quedarse en el nido.

Criar a niños pequeños puede ser un trabajo duro y monótono. A veces, es tan agotador física y emocionalmente que nos encantaría que se hicieran mayores cuanto antes. Por otra parte, también tenemos curiosidad por saber cómo será su crecimiento. ¿Cuáles serán sus pasiones? Como padres, esperamos poder descubrir sus dones, para saber aprovechar sus puntos fuertes y animarles a que sigan por la buena dirección.
Pero, cuando proyectamos su futuro, y nos preguntamos si ese gusto por el arte le convertirá en Picasso, o si su voz melodiosa hará de ella una Taylor Swift, podemos llegar a olvidarnos de disfrutar de lo realmente bueno: los cuentos de antes de dormir, los pijamas de una sola pieza, las cosquillas y los gritos de alegría. A veces, nos olvidamos de dejar que nuestros hijos se comporten como niños y disfruten de su infancia.

La presión sobre los niños comienza demasiado pronto. Si queremos echar una mano a nuestros hijos, tenemos que protegerles de estas presiones. Hay que dejar que disfruten y crezcan a su propio ritmo, así que, en primer lugar, deben explorar sus intereses sin miedo al fracaso y, en segundo lugar, no tienen que sentirse agobiados.
La infancia es un momento de juegos y de descubrimientos. Cuando metemos prisa a los niños, les estamos robando una etapa inocente por la que nunca volverán a pasar.


7.  Criar al hijo que queremos, y no al que tenemos. Como padres, nos creamos una imagen propia de nuestros hijos. Esta imagen comienza a confeccionarse en el momento del embarazo, antes incluso de saber el sexo del bebé. En secreto, deseamos que el niño se parezca a nosotros, pero un poco más inteligente y con más talento. Queremos ser su ejemplo, y modelar su vida siguiendo el patrón de la nuestra.

Sin embargo, los niños suelen seguir su propio modelo y, además, desconfiguran los nuestros. Al final, son como nunca los imaginamos. Nuestro trabajo consiste en descubrir sus dones innatos, y en tratar de guiarlos por el buen camino. Ante todo, inculcarles nuestros propios sueños no va a funcionar. Solo si entendemos quiénes y cómo son, podremos tener un impacto en sus vidas.



8.  Olvidar que los hechos pesan más que las palabras.

Cómo respondemos al rechazo y a la adversidad... Cómo tratamos a los amigos y a los desconocidos... Si me peleamos con su padre o si nos apoyamos mutuamente... Ellos se dan cuenta de todas estas cosas. Y la actitud que ven,  les da permiso para comportarse de la misma manera.


Si quieres que tus hijos sean maravillosos, tú también tienes que aspirar a lo mismo. Tienes que ser la persona que esperas que ellos sean.


9. Juzgar a otros padres... y a sus hijos. Independientemente de lo mucho que difieras en la forma de educar que tienen otros padres, no es tu misión juzgarlos. Nadie es completamente bueno ni completamente malo; todos somos un poco de todo, todos luchamos contra nuestros propios demonios.


10.  Subestimar el CARÁCTER. El carácter, la fibra moral y una brújula interna son los cimientos que forman la base para un futuro feliz y saludable. Esto es más importante que cualquier boletín de notas o que cualquier trofeo que ganen.


Nadie puede exigir un carácter concreto a sus hijos, y más teniendo en cuenta que el carácter no significa mucho a la edad de 10 o de 15 años. Los niños a esa edad se preocupan por las recompensas a corto plazo, pero nosotros, como padres, conocemos mejor la historia. Sabemos que lo importante con 25, 30 o 40 años no es lo largo que lanzaste una vez un balón o si fuiste animadora, sino cómo tratas a los demás y qué piensas de ti mismo. Si queremos fomentar el carácter, la confianza, la fuerza y la resiliencia, tenemos que dejar que los niños se enfrenten a las adversidades y que experimenten el orgullo que se siente al salir reforzado de una situación difícil.

Es complicado ver a nuestros hijos caer, pero a veces es necesario. En ocasiones, hay que preguntarse si intervenir se encuentra entre las mejores opciones. Hay un millón de formas de amar a nuestros hijos, pero, a la hora de buscar su felicidad, conviene ser conscientes de que a veces la pena a corto plazo será recompensada con creces por los beneficios en el futuro.



viernes, 4 de abril de 2014

10 errores comunes que cometemos los padres de hoy en día (primera parte)

Cuando iba a ser mamá por primera vez, me dieron un montón de consejos. Pero, hasta hace unos pocos años, no hubo nadie que me comentara que querer a un niño significa querer lo mejor para él a largo plazo.
Cuando mis cuatro hijas eran pequeñas, el largo plazo no entraba en mis planes. Lo único que importaba era sobrevivir, cubrir las necesidades diarias y evitar que nos llegara el agua al cuello.
Sin embargo, ahora que mis hijas están madurando, parece que la niebla va despejándose. Ya no soy una advenediza, sino una adoctrinada más del club. Lo bueno que tiene esta fase es que mis hijas ahora quieren pasar más tiempo conmigo. Tenemos conversaciones reales que revelan una personalidad poderosa. Lo de que duerman toda la noche del tirón también ayuda. Puedo pensar las cosas con coherencia y tomar mejores decisiones sobre su educación.
Los diez errores más comunes que cometen los padres en la actualidad:

1. Adorar a nuestros hijos. Muchos de nosotros vivimos en comunidades que se desviven por los hijos. Los estamos criando en hogares completamente centrados en ellos. A nuestros hijos les encanta, claro está, porque nuestras vidas giran en torno a ellos. A la mayoría de nosotros tampoco nos importa, porque su felicidad es la nuestra. Nos entusiasma hacer cualquier cosa por ellos, comprarles cosas, cubrirles de amor y de atenciones.
No obstante, creo que es importante tener en cuenta que nuestros hijos han sido creados para ser amados, no idolatrados. Por tanto, cuando les tratamos como si fueran el centro del universo, creamos un falso ídolo. En vez de un hogar centrado en los niños, deberíamos intentar centrarnos más en el amor. Así, nuestros hijos se sentirán queridos, pero entenderán que en el amor, el altruismo va por encima del egoísmo.

2.  Creer que nuestros hijos son perfectos. Una cosa que suelo oír de los profesionales que trabajan con niños (orientadores o maestros) es que los padres de hoy en día no quieren oír nada negativo sobre sus hijos. Cuando se menciona la palabra preocupación, o problema, la reacción suele ser atacar al mensajero.

La verdad a veces duele, pero cuando escuchamos con la mente y el corazón abiertos, nos mostramos dispuestos a mejorar. Así, podremos intervenir antes de que la situación se nos vaya de las manos. Es más fácil tratar a un niño problemático que reparar a un adulto destrozado.

3.  Vivir a través de nuestros hijos. Los padres nos sentimos muy orgullosos de nuestros hijos. Cuando consiguen algo, nos hace más felices que si lo hubiéramos conseguido nosotros mismos.
Lo cierto es que si nos implicamos demasiado en sus vidas, nos resultará más complicado ver dónde acaban ellos y dónde empezamos nosotros. Cuando nuestros hijos se convierten en una extensión de nosotros, puede que los veamos como nuestra segunda oportunidad. Pero, no se trata de ellos, sino de nosotros. Llega un momento en el que su felicidad empieza a confundirse con la nuestra.

viernes, 28 de marzo de 2014

ME DIVORCIO DESPUÉS DE 45 AÑOS...

Un anciano llama a su hijo en Nueva York y le dice: "Odio arruinar estos días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos estamos divorciando, 45 años de matrimonio, y tanta miseria ya es suficiente!"

"Papá , ¿qué estás diciendo? “grita el hijo.

"No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable ", explicó el viejo padre. "Estamos hartos el uno del otro"
"¿Porqué papá?, ¡si estaban de maravilla la última vez que fui a visitarlos!"
Hijo, ya estoy harto de hablar de esto y es caro hacerlo por teléfono, por favor avísale de esto a tu hermana a Hong Kong.
Frenético, el hijo llama a su hermana, y esta al enterarse explota en el teléfono. "Como diablos se están divorciando", ella grita: "Yo me encargo de esto".
Ella llama a su anciano padre de inmediato, y le grita: "No se divorcien aún. No hagan una sola cosa hasta que yo llegue. Voy a llamar a mi hermano de vuelta y los dos estaremos allí mañana. Hasta entonces, no hagan nada, ¿me oyes?" -gritó mientras colgaba el teléfono.

El anciano cuelga el teléfono y se dirige a su esposa. "Lo logramos Amor, nuestros hijos estarán aquí en Navidad y se pagarán ellos el pasaje, Te amo".

¡ABRAZA A TUS PADRES MIENTRAS PUEDAS HACERLO!




viernes, 14 de marzo de 2014

LOS HIJOS SE VAN…

Hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir esa realidad.
No es que se van… es que la vida se los lleva.
Ya no eres su centro.
Ya no eres propietario, eres consejero.
No diriges, aceptas.
No mandas, acompañas.
No proyectas, respetas.
Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas.
Ya les crecieron alas y quieren volar.
Ya les crecieron raíces y maduraron por dentro.
Ya les pasó las borrascas de la adolescencia y tomaron el timón.
Ya miraron de frente la vida y sintieron el llamado para vivirla por su cuenta.
Ya saben que son capaces de las mayores aventuras y de la más completa realización.
Ya buscarán un amor que los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino, que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que quieren conseguir.
Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán sabiduría y las fuerzas para soltarla, así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía.
Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan desandarlo, tienen alas y quieren abrirlas.
Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de piel.

Tú quedas adentro. En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón. Tú quedas atrás. En el beso que les mandas. En la oración que los sigue. Tú quedas siempre en su interior, aunque cambies de lugar.

viernes, 7 de marzo de 2014

Los hermosos sentimientos que un hijo despierta en la mujer



Un mundo nuevo se crea ante sus ojos. Y si se trata de sus sentimientos, entonces, este arribo resulta aún más maravilloso.
Sin duda, cuando llega el tan esperado primer hijo, a la vida de la, ahora, mamá; todo cambia para ella. Porque las experiencias que vivirá con el pequeño, nunca antes las experimentó. Un mundo nuevo se crea ante sus ojos. Y si se trata de sus sentimientos, entonces, este arribo resulta aún más maravilloso.

El profundo vínculo entre mamá e hijo
Cuando llega el hijo a la vida de esta primeriza mamá, todo en su vida diaria, se modifica. Y esto que podría ser considerado negativo, se vuelve muy positivo, porque la mamá logra establecer un profundo vínculo con él.
Este lazo, se halla atravesado por un nuevo tipo de amor. Por uno que nunca antes, fue experimentado por ella. Es especial, único. Este amor no puede compararse con el de una relación romántica, por ejemplo; porque es una nueva manera de entregarse a otro y permitir lo mismo del otro hacia la mamá.

Mayor responsabilidad
Debido a este amor, la nueva mamá tendrá el sentido del deber, muy presente y con éste, la responsabilidad que tiene para con su hijo.
Es verdad que por mucho tiempo fue responsable de lo que ocurría en su trabajo, en los asuntos de la casa; pero, el cuidado de un hijo es muy distinto.
Entiende que su hijo es alguien que necesita ser cuidado con dedicación, porque es indefenso; por lo tanto, depende de ella.

Paciencia inagotable
Para la mamá será extraño darse cuenta que ahora tiene una paciencia que pareciera inagotable. Situación que jamás antes imaginó.
Y siempre está allí para él. Ya sea, cuando llora, esas veces que quiere dormir y necesita que le cuenten un cuento, en fin. Esto es posible, porque ella ha entendido que todo lo que le ocurra a su hijo, mientras esté bajo su cuidado, es de su exclusiva responsabilidad.

Una resistencia infinita
Antes de la llegada del niño, la nueva mamá ni siquiera tenía idea que sería capaz de, lisa y llanamente, no dormir bien por días. Esto que pareciera un milagro, es producto de la maternidad. Esta maravillosa etapa que despierta la generosidad más absoluta de un ser humano hacia otro.
Es la maternidad la que provoca en la mamá todo tipo de concesiones y sacrificios por el hijo. Algo que parecía totalmente imposible, antes del proceso.
Ahora, ella es capaz de llegar a límites inimaginados, por el bienestar de su pequeño. A la vez, se sorprenderá, ante la fortaleza que ha mostrado y continuará mostrando.

Generosidad total
Ser generoso nunca es fácil, porque implica algún tipo de desprendimiento, sin embargo, cuando sé es mamá, esto ya no importa.
El hijo despierta en la mamá, una gran generosidad hacia su persona. Implica que ella, efectivamente, se desprende de mucho para entregárselo al pequeño. Es así como, los deseos de cosas propias, pasan a segundo plano, para pasar a ocuparse de los deseos del niño.

Instintos primitivos
La mamá, en este importante rol, se conecta con el instinto innato de protección y se apresta a defender a su pequeño de cualquier situación que lo ponga en peligro. Llega hasta el límite de enfrentarse contra fuerzas de carácter sobrenatural.
La incomparable compañía que brinda un hijo
Una vez que el niño es parte de la vida de su madre, le brinda a ésta, la maravillosa sensación de que ya no estará sola.
Siempre podrá disfrutar de la compañía de un ser maravilloso que logra darle numerosas alegrías, sólo con una sonrisa.

martes, 25 de febrero de 2014

Las madres tóxicas…

Este artículo no esta dedicado a nadie en particular. Esta dedicado a todas en general. Es para mi, y probablemente para ti, y para tu madre, y para tu suegra, y para tu amiga, la mamá del colegio, la vecina… es para las madres tóxicas. ¿Qué es una madre toxica? Somos todas en algún momento de nuestra maternidad, cuando con la cabeza alta, deducimos que nosotras lo hacemos mejor, ¡que nuestra verdad es la única! Que nuestra experiencia es la buena…Una madre tóxica es esa que cuando tu preguntas -entre el temor a lo desconocido y empujada por los 12 libros sobre alimentación infantil que te acabas de leer- ¿cómo vas a conseguir que tu hijo coma? Te responde que ella enseñó a su hijo a comer texturas y trozos bailando la conga mientras con una mano libre pintaba una réplica (por supuesto perfecta) de los girasoles de Van Gogh…No, la madre tóxica no es esa que practica el baby led weaning, también hay madres toxicas de las que te explican que su hijo se come 425 gramos de puré de verduras con un 22% exacto de proteínas, con el porcentaje necesario de hidratos…(Mientras, tú te has atascado en el gramaje, haciendo malabares mentales para meter semejante volumen cúbico en el estómago de tu diminuto hijo…)

No, no pretendo en tono de humor contar anécdotas graciosas, salpimentadas con un poco de ironía y gracejo, porque las madres tóxicas, me dan miedo, porque me da miedo en algún momento ser una de ellas, y perder la cordura, y la empatía, y colocar una espada de Damocles sobre la maternidad de otra mujer sujeta por una exigua crin de caballo.
Es muy visible en las comparaciones de tamaño, las madres toxicas te preguntarán cuantos meses tiene tu hijo para con una sonrisa dejarte claro que es mucho mas pequeño que su vástago, también entra en los cánones tóxicos, la que te esclarece que el tamaño del tuyo (mas grande ) no es normal, y tal vez debieras preocuparte por ello…Las madres tóxicas son esas que cuando acudes a ellas con tus problemas de conciliación, de comportamiento, de sueño… siempre te dicen:- ¡Pobre! ¡Que mala suerte la tuya!
Y te hacen sentir sola y diminuta. En lugar de explicarte que ellas pasaron por lo mismo antes que tú, porque jamás reconocerán dudas o sufrimientos maternales, porque eso las pondría a tu altura, y ah! No! Eso no! Ellas son mejores madres! No saben de dudas, ni de lágrimas, y actúan como maestras perfectas. Dando lecciones de vida, ejemplarizando al resto con sus anécdotas e hijos sin mácula.
Te mirará malintencionadamente en el parque mientras de brazos cruzados y cabeza alta observa los manchurrones de la camisa de tu hijo(el suyo no se mancha nunca) Te mirará malintencionadamente en el parque mientras de brazos cruzados y cabeza alta observa la impecable camisa de tu hijo, recién planchada (Porque ella mientras tu perdías tu tiempo planchando hacía cosas mejores)
Madres tóxicas que se reirán de tu crianza respetuosa, diciéndote lo bien que se han criado sus hijos con biberones, durmiendo 8 horas en su cuna desde el primer día o con una caricia semanal…Madres toxicas, esas que te dejaran claro lo malísima madre que tu eres, porque ya lo dice todo el nombre… crianza respetuosa, si no la practicas, ni crías, ni respetas…Madres tóxicas que cuando llores de impotencia porque las grietas, la postura, el dolor, o la falta de apoyo te ayudaron a dejar la lactancia demasiado pronto, o simplemente no te apetecía lactar… Te dejaran claro que la culpa es tuya y solamente tuya, porque TODAS las mujeres pueden dar de mamar. Las madres tóxicas que cuando cuentes que tu bebé lleva 8 meses o 2 años mamando te dejaran claros los peligros intrínsecos de semejante barbarie y probablemente te puedan contar pormenorizadamente todas las ventajas de un biberón.
Las madres tóxicas que te contarán los venturosos partos naturales, cesáreas, con epidural, sin ella, en casa, en un hospital, con episiotomía, sin desgarros… Y justamente tu experiencia será peor, nimia, menos importante…Porque todas, alguna vez, hemos estado de ese lado, del lado de la madre tóxica, ese monstruo que a veces nos posee y con malas artes nos convierte en esa mala amiga, vecina, cuñada, suegra, mujer… a la que tememos mas que a nada.
Empatizar, ponernos en el lugar de la otra… Hoy es tu hijo el que no come, mañana lo será el mío; Hoy soy tu nuera, mañana seré su suegra; Hoy soy una mujer fuerte, decidida que se enorgullece del resultado del esfuerzo de criar a sus hijos, mañana seré una madre indecisa, triste, asustada… y necesitaré que me sostengan. Hoy te pido disculpas por mi engreimiento… Mañana te pediré la mano para ayudarme a caminar.

Somos madres, y nos une a todas una única cosa, una única razón, ellos, nuestros hijos. Porque cada una de las madres que conozco, he conocido y conoceré solo buscan lo mejor para sus hijos, la maternidad perfecta, aquella que logra hijos felices. Porque todas las madres tóxicas, son a su vez la mejor madre.

martes, 4 de febrero de 2014

No son como nos lo contaron


No. Los bebés no son como nos lo contaron. A los bebés no les gusta dormir en cuna. Rodeados de barrotes. Presos en una jaula. No. Los bebés quieren dormir junto al cuerpo de su mami, calentitos, seguros, amparados, amados, tocados.
No. Los recién nacidos no quieren siquiera estar en posición horizontal. Quieren dormir en tu pecho, en vertical, meciéndose al arrullo de tu corazón. En horizontal su digestión se ralentiza, vomitan, les dan cólicos, se asustan, se sienten vulnerables.
No. Los bebés no se acostumbran a los brazos: ya nacen acostumbrados. Desde el principio saben bien lo que es bueno.
No. Los bebés no duermen toda la noche. Se despiertan a cada rato. Para comer y para no comer. Para comprobar que estás a su lado y que los estás cuidando. Para cerciorarse de tu presencia, que es su seguridad. Para tocarte y olerte.
No. Los bebés no quieren estar solos. No quieren perderte de vista ni un minuto, quieren estar junto a ti, en el centro de la vida.
No. Los bebés no quieren jugar solos en un corral. Quieren jugar contigo, sonreír, ser atendidos, treparte por encima, gatear por el salón.
No. Los bebés no quieren tomar leche de otra especie. Quieren leche de la suya, de la que sabe a mamá.
No. Los bebés no quieren chupar todo el día un trozo de plástico. Quieren chupar tus pechos, sus manitas, tus dedos… piel humana.
No, los bebés no quieren que los vistas, ni que les pongas tejidos que pican, aretes en las orejas, ropas apretadas, cintas, encajes y otras cosas molestas. Quieren estar desnudos, correr sin zapatos, disfrutar del tacto de la naturaleza en su piel, del piel con piel contigo.
No. Los bebés no quieren estar quietos. Quieren que te muevas, que los mezas, los arrulles, que andes y pasees, y los lleves contigo. En cuanto pueden, quieren gatear, correr, saltar, explorar, llegar a todas partes…
Sí. Los bebés son curiosos por naturaleza. Quieren y deben tocarlo todo. Incluidas esas cosas que más tú tocas: los controles, los relojes, los teléfonos, las tablets…Su riqueza sensorial se desarrolla a partir de ahí.
No. Los bebés aprenden lo que viven. Si siempre oyen “no”, pronto a todo te dirán no. Si a todo tienes miedo, pronto a todo tendrán miedo.
No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores.
No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.

Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y reprime tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.

No son como nos lo contaron. Son infinitamente mejores y más inteligentes. Cualquiera que ve a estas crías diría: ¡qué especie tan avanzada!